Qué hace que la vida sea tan preciosa? Qué hace que el amor invada nuestros corazones? Qué hace que seamos únicos? Qué nos hace pensar que podemos imitar a Dios o desaparecerlo de su creación? Qué nos ha hecho ser tan arrogantes, irrespetuosos, envidiosos y prepotentes? Quién nos inserto una tarjeta de doble identidad en nuestras cabezas? Qué nos hace ser más que otros?
Hay tantísimas interrogantes que me hago a mi mismo cada día, podríamos llenar muchas páginas que hablen de la actitud del ser humano y debatir sobre ellas sin llegar a un acuerdo en cada una de las mismas, y es que no hay que ser un estudioso del comportamiento humano para ver con claridad que los esquemas sociales están llenos de mucha riqueza y son fenomenales porque nos permiten vivir en paz, convivir permanentemente, pero sin lugar a dudas esto no es posible por muchas razones entre las que quiero destacar algunas.
Dios dice que todos somos iguales ante él, sin embargo entre los seres humanos la clasificación es una norma social que como dice un amigo nos vive sometiendo al rechazo continuo, así que para empezar somos un montón de hombres y mujeres que mantenemos relaciones por conveniencia y para hacerlo continuamente rechazamos a quienes según nuestra clasificación no califican para dirigirnos la palabra, convivir, hablar, trabajar, compartir.
Somos seres excluyentes, y tal es el punto de nuestra exclusión que le hemos dicho a Dios que él no califica para pueda relacionarse con nosotros, no es nuestro tipo, no es de ambiente, ni digno de subirse a nuestro vagón.
En donde inicia todo este asunto, será clasificación de razas, lugar de nacimiento, acento, color, olor, altura, complexión física, niñez, adultez, yo creo que inicia desde que el hombre como ser individual toma para si todo el conocimiento que no viene de Dios y lo aplica según su experiencia y su naturalidad, ya que nuestro corazón tiene injertado dentro, muy dentro una raíz de pecado que nos lleva a todo esto, si embargo todo esto que escribo y que está sujeto a debate, ni siquiera es la última palabra y podría ser excluyente de otras verdades.
Finita como la arena, infinita como el espacio, un espacio en el tiempo como las agujas que marcan cada posición y cada minuto, un reloj que no retrocede y que es como el viejo roble y tan duro como un rosul, exquisito y satisfactorio como el agua al cuerpo.
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