
Cuando un amigo se va, se va la vida misma, los mejores momentos de la vida se los roba el tiempo y la memoria de aquellos que te amaron desaparecen como el viento que cruza los horizontes, nuestros pasos pierden vigor y nuestros suspiros se entrecortan con las tormentas de los que van y aquellos que llegan. Nuestros ojos se van cerrando a la luz y con ellos llegan nuevas lunas para alumbrar lo que se apaga, el tiempo por algo es oro, es caro y cuando se pierde como el agua entre las manos se llora como perder toda una vida. Aquellos que vuelven y retoman su carrera y la logran completar se sienten con el pleno placer de haber amado y querido todo. Nuestro tiempo como una esfera en el cosmos se dilata como las medusas que transitan el mar imponentes, soberbias, delicadas pero mortíferas como nuestra propia lengua. Del placer y la vida que nos ama, al silencio de nuestras derrotas que nos botan en las circunstancias caprichosas. Mis venas están llenas del mismo abismo que susurra a mis oídos que todo lo que se llevó el espacio infinito volverá en los que sucederán a mi generación y quizá con mucha más pasión que la mía, pero ahora debo ir más allá del arco iris a sembrar los sueños que acaban un día detrás de donde se pone el sol. Toma vigor de tus propias fuerzas y retoma esta vida que te ama tanto, cruza las fronteras del dolor y derrota al temor, quédate siempre entre nosotros con todas tus fuerzas y sabiduría, la vida no puede continuar igual si te perdemos en este tiempo eterno, vive siempre así.