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jueves, 30 de diciembre de 2010

los ciclos eternos de la vida


Estoy en la víspera de un nuevo año, a pesar de que la tarde está hermosa no tiene el olor que esperaba, al contrario perece de nuevo que la vida me tiene sorpresas, al menos eso parece. No es el típico atardecer tecpaneco ni el típico olor a tierra, tiene menos palabras y está más desierto. No cabe duda que los años se fueron, no puedo retener más los buenos momentos de mi infancia, no hay razón ya para esto, mis nuevas compañías son diferentes y tienen pensamientos distintos, estoy solitario, la única esperanza es que Dios seguro que está aguardando mis decisiones y está conmigo, si el permanece en mi vida y mi espíritu voy a poder recibir un nuevo año con nuevos horizontes, y cabe decir que los años no son mágicos, del 31 al 1 de enero las cosas no cambian porque tengo una varita que lo haga de esa manera. La vida cambia porque nos volvemos más viejos, y cuando los pensamientos se anejan se tienen que ir ya no hay oportunidad de retener por mucho aquello que tanto nos ata al pasado. Pero cómo dejar de amar lo bueno que fue la vida y retener a tus seres queridos para avanzar, es una ocuación cuyo resultado es distinto en cada quien. La vida teje mil caminos, cualquiera tiene un destino, pero no cualquiera es bueno. Así que el tiempo es el único adivino y testigo fiel para el final destino.