
Algunos ya celebran el 2011, estamos viendo caer la tarde, la última del año y muchos alrededor del mundo ya están viviendo la madrugada del nuevo año. Muchos se inclinarán ante Dios y le darán gracias por todo. Otros simplemente alrededor de la familia celebrarán, comerán y brindarán por el 2011. A mi aún me resuena la voz de mi papá que dice, hoy estamos solos. Creo que no pasas toda una vida para que al final tus padres estén solos. Ellos son como niños, chiquititos que necesitan el calor de sus hijos para su fortaleza. Al final, ellos nos siguen viendo como sus chiquititos, aquellos que vieron crecer y que aman. Esas palabras me hacen recorrer mi infancia, mi juventud, mi vida, cada año nuevo con ellos, cuántos abrazos dejamos de dar y cuántos quisieramos dar ahora que estamos viejos. Un padre es un castillo del recuerdo, una fortaleza en donde está simentado nuestro futuro, sin ellos no somos nada y ellos sin nosotros están vacíos, así que porqué dejarlos en la soledad de su destino. Me gustaría que nuestras distancias fueran cortitas y que estuviéramos unidos todos, que la unidad familiar sea lo más importante en nuestras vidas. No me imagino una vida sin Dios, como Dios no podría dejar de ignorar que Jesús murió por mi y que soy su hijo, seguro el quiere estar conmigo y yo quiero estar con él. Con toda certeza creo que mi padre es una roca en mi vida.