
No estoy seguro, pero en la penumbra logré divisar el movimiento suave de su cabello el cual se fundía con la noche y resplandecía con la luna. Ella caminaba hacía mi pero tardaba mucho, esos metros se hicieron una eternidad, algo así como un camino que nunca llega a su final. El tiempo de su llegada me hizo paciente, supe desde aquel momento que algún día sus miradas estarían entre las mías y me abrazarían como me abraza el tiempo y sus circunstancias. Sus huellas quedaron marcadas para siempre en mis pupilas, las cuales se fundieron con sus pasos. Esa noche la luna marco nuestro corazón con una velada interminable, la cual espero que se eternice junto a nuestras almas.