David sabía perfectamente por lo que había vivido en su vida que todo ser humano tiene un destino. Pero cuando hacemos de Dios nuestro aliado en todo dice que: Ciertamente el bien y la misericorida me seguirán todos los días de mi vida.
El favor de Dios está en aquellos que creen, porqué, porque no hay nada en el mundo que pueda compararse con su creación en nosotros, y esa creación a través del soplo de su espíritu deja abirta todas las puertas para que todo lo que hagamos con nuestras manos prospere. Cuando David escribe el BIEN, esa palabra de bienestar deja en claro lo que Dios hace de su creación, todo bueno, es tener un escudo en nuestra vida y una carta de garantía que nos permite mantener una promesa que crece como un árbol plantado a las orillas de ríos de agua vida, lo cual también es otro versículo.
David había conocido el bien de Dios, porque, porque siendo el más pequeño lo hizo grande, conociendo el corazón de David y su tremendo amor por Dios y su pasión por su espíritu, Dios logró conocer la humildad del corazón de un hombre al cual le fue entregada la nación de Dios para dirigirla a donde el quería, y a pesar de los pecados de David, Dios lo amó, porque confesó sus pecados. Por todo lo que Dios hizo por David, éste tenía su corazón lleno de agradecimiento, y siendo pecador Dios le dió su favor. Y ese mismo favor es que acompañada a todo hombre que se humilla delante de Dios, miresé 2 Crónicas 7:14. Si se humilla mi publo, sobre el mi nombre es invocado, y oran, y buscan mi rostro, y se convierten de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, perdonaré sus pecados y sanaré su tierra.
Esta misma actitud es la que David refleja a lo largo de su vida, humillarse, pedir perdon, orar, adorar, vivir en la presencia de Dios. Eso le valió un reino.